En mi casa de Sevilla, el gazpacho siempre fue el remedio para todo. Mi abuela me enseñó que no hace falta complicarse: un buen aceite, tomates que sepan a tomate y ese trozo de pan de víspera para darle cuerpo. Ella decía que el secreto está en el equilibrio del vinagre y en tener paciencia con el colador. Para mí, no hay verano que empiece hasta que el primer jarrón de gazpacho entra en la nevera.
Ingredientes
100 ml de aceite de oliva virgen extra
30 ml del vinagre de Jerez
1 kg de tomates rojos
1 diente de ajo
150 g de pan blanco (un trozo)
1 pimiento verde grande
1 pepino
Un pellizco de sal (al gusto)
Agua como ingrediente opcional
Guarnición: 1 cebolla pequeña, 1 tomate, 50 g de pimiento verde y 50 g de pepino. (todo en pequeños dados)
Preparación
Lavas concienzudamente los tomates y el resto de las verduras que vas a utilizar.
Cortas los tomates en cuartos y picas finamente los pepinos pelados junto con la cebolla y el pimiento.
Dejas reposar el pan troceado con un poco de agua durante 10 minutos para que se ablande.
Quitas el germen central al diente de ajo pelado para evitar que el sabor resulte demasiado fuerte.
Bates todas las hortalizas con el pan añadiendo el aceite de oliva virgen extra junto con el vinagre y la sal.
Pasas la mezcla por un colador fino para eliminar restos de pieles o pepitas y conseguir una textura sedosa.
Compruebas el punto de sal y rectificas la sazón si fuera necesario antes de terminar.
Guardas el gazpacho en la nevera durante un par de horas para que esté perfectamente fresco al servirlo.
Presentas el plato en cuencos con tropezones de jamón o queso o simplemente lo sirves en un vaso.
¡Buen Provecho!
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