En mi casa de Cieza no entra un adobo comprado; la carne se prepara como me enseñaron a mí, con el mortero y paciencia. Mi secreto es dejar que el cerdo duerma en el vino y las especias al menos un día entero para que el sabor llegue hasta el centro del magro. Me gusta ese momento en el que reduzco el adobo en la sartén y el olor invade toda la cocina; es un aroma que me abre el apetito al instante.
Ingredientes
1 kg de carne de cerdo (mejor magro, cortado en dados medianos)
6 dientes de ajo
1 cucharada de pimentón dulce
1 cucharadita de orégano seco
1 cucharadita de tomillo seco
200 ml de vino blanco seco
100 ml de vinagre de vino blanco
2 hojas de laurel
Una pizca de sal
Pimienta negra al gusto
Aceite de oliva para freír
Preparación
Machaco los ajos con sal gruesa en mi mortero de piedra hasta que tengo una pasta fina.
Preparo el adobo mezclando el ajo, pimentón, orégano, tomillo, vino, vinagre y laurel en un bol.
Adobo los dados de cerdo y los dejo en la nevera un día entero; si no reposa, la carne no sabe a nada.
Escurro bien la carne antes de freír para que el aceite no salte y se dore como es debido.
Frío el cerdo en tandas, con el aceite bien caliente, hasta que los trozos están dorados por fuera.
Reduzco el líquido del adobo en una sartén aparte durante 5 minutos para concentrar toda la sustancia.
Salteo la carne frita con el adobo reducido un par de minutos para que se pegue bien el sabor.
Sirvo la carne recién hecha, que es cuando el pimentón y las hierbas están en su punto.
¡Buen Provecho!
Esperamos que disfrutes de este pedazo de nuestra cultura. No olvides compartir tu resultado.