Durante mucho tiempo, el bonito se me resistía; siempre me quedaba un poco seco hasta que entendí que el fuego apagado es el mejor aliado de este pescado. En Valladolid, mis amigos ya saben que cuando empieza la temporada de bonito, hay cena en mi casa. Me encanta el ritual de rallar el tomate a mano y ver cómo la salsa va espesando gracias al almidón de las patatas que «chasco'»con el cuchillo. Es un plato que engaña: parece humilde, pero cuando ves a todo el mundo en la mesa pidiendo más pan para rebañar la salsa de tomate y vino blanco, sabes que has triunfado.
Ingredientes
1,5 kg Bonito del Norte
1 cebolla
2 dientes de ajo
2 patatas
4 tomates maduros
1 cucharadita de azúcar
1/2 vaso de vino blanco
Aceite de oliva virgen extra
Sal (al gusto)
Preparación
Limpias el bonito retirando piel y espinas, y troceas el pescado en piezas grandes.
Sellas los trozos de bonito en una cazuela con aceite de oliva por todas sus caras y los reservas.
Sofreís la cebolla y el ajo picados en el mismo aceite durante diez minutos a fuego medio.
Cascas las patatas en dados para que suelten el almidón y las rehogas 5 minutos con el sofrito.
Rallas los tomates pelados y los incorporas a la cazuela con una pizca de azúcar para corregir la acidez.
Viertes el vino blanco y dejas que el guiso se cocine a fuego lento durante unos 20 minutos.
Añades el bonito reservado a la salsa y lo cocinas apenas 1 minuto por cada lado.
Apagas el fuego, tapas la cazuela y dejas que el pescado se termine de hacer con el calor residual durante 10 minutos.
¡Buen Provecho!
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