Vivir en Lugo me ha enseñado a valorar el producto local por encima de todo. Mi receta de Karaage nació de la nostalgia por Japón, pero se ha adaptado al clima gallego. Aquí, cuando fuera llueve, nada reconforta más que el aroma del jengibre y el ajo rallado marinando el pollo en la cocina. El secreto que siempre comparto con mis vecinos es la doble fritura: ese segundo golpe de calor que deja el pollo crujiente por fuera y sorprendentemente jugoso por dentro. Es un plato que une mis dos mundos; mis raíces niponas y la calidez con la que me han acogido en el norte.
Ingredientes
500 g de contramuslos de pollo deshuesados y sin piel
2 cucharadas de salsa de soja
1 cucharada de sake (o vino blanco seco)
1 diente de ajo
Pimienta negra al gusto
1 trocito de jengibre fresco (del tamaño de un pulgar)
1 huevo
3 cucharadas de harina de trigo
3 cucharadas de maicena o fécula de patata
Aceite vegetal para freír
Rodajas de limón (opcional, para servir)
Preparación
Cortas los contramuslos de pollo en trozos medianos (4-5 cm) para que queden jugosos por dentro.
Preparas la marinada con soja, mirin, sake, ajo, jengibre y pimienta, y dejas reposar el pollo al menos 30 minutos.
Añades un huevo al bol del pollo macerado y mezclas bien antes de pasarlo por las harinas.
Rebozas cada trozo en una mezcla de harina y maicena, asegurándote de que queden bien cubiertos.
Calientas el aceite a 180 °C y fríes el pollo en tandas pequeñas durante unos 6 minutos.
Aplicas el truco de la doble fritura: un segundo golpe de calor fuerte al final para un crujido extra.
Escurres el exceso de aceite sobre papel de cocina para que la textura sea perfecta.
Sirves el pollo inmediatamente con unas rodajas de limón para aportar frescor al plato.
¡Buen Provecho!
Esperamos que disfrutes de este pedazo de nuestra cultura. No olvides compartir tu resultado.