Crecí merendando fartons en la Alboraya, pero no fue hasta que me hice mayor cuando decidí aprender a hacerlos en casa para que no se perdiera la costumbre en mi familia. Mi tía abuela fue quien me enseñó que el secreto no está solo en la masa, sino en tener la paciencia de esperar esas dos o tres horas de fermentación mirando cómo crecen bajo el trapo. En Valencia sabemos que un farton no es nada si no tiene esa glasa blanquecina por encima que te mancha los dedos al cogerlo.
Ingredientes
25 g de levadura prensada fresca
50 ml de agua tibia
50 g de azúcar
1 huevo mediano
300 g de harina de trigo con fuerza W220
50 ml de aceite vegetal
1 cucharadita de sal
100 g de azúcar glass
2 cucharadas de agua tibia (glaseado)
Preparación
Templas el agua y disuelves en ella la levadura fresca desmenuzándola bien con los dedos.
Tamizas la harina en un bol amplio y añades el azúcar, el huevo y la mezcla de la levadura.
Amasas primero dentro del bol y, cuando la masa se desprenda de las paredes, incorporas el aceite y la sal.
Pasas la masa a la encimera y sigues amasando hasta que esté lisa y perfectamente integrada.
Boleas la masa, la tapas con un trapo y la dejas reposar 30 minutos antes de dividirla en porciones iguales.
Estiras cada porción con el rodillo dándole forma ovalada y las enrollas como si fuesen canutillos finos.
Dejas fermentar los fartons en la bandeja del horno tapados durante 2 o 3 horas, hasta que doblen su volumen.
Horneas a 200 °C durante 12 minutos y, nada más sacarlos, los pincelas con la glasa de azúcar y agua mientras aún queman.
¡Buen Provecho!
Esperamos que disfrutes de este pedazo de nuestra cultura. No olvides compartir tu resultado.